El mar no cesa

30 semanas de mariposas en el estómago, de confundir los anhelos con la realidad, de soñar abrazarte, de saberme llegando a una de mis metas, de pensar lo que nos cambiará la vida, de revolucionar la familia, de soñar tus facciones, de imaginar tu sonrisa, de hacer planes, de descifrar ecografías, de cuenta atrás, de nuevo vestuario, de adaptación física, de hormonas revolucionadas, de luchar contra mi aversión al rosa, de ponerte música, de desear tus pataditas, de escribirte un diario, de morirme por morderte los cachetes, de saberte Violeta una semana antes de hacer la prueba.

Lo que más dolió de que me diagnosticaran un cáncer de mama, fue pensar que podría no llegar el día en que te llevaría dentro. Pero hemos tenido suerte. Ese ovario solitario que ha sufrido los tratamientos de quimioterapia consiguió crear un óvulo fértil. Ahora saltas en mi útero y mi corazón se desboca. Me provocas sonrisas espontáneas. Cada día de lucha ha valido la pena. Y seguiremos luchando para que no tengas que pasar por esta enfermedad.

Una pequeña maravillosa noticia que puedo compartir con el mundo 7 años después.


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