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Mostrando entradas de 2014

Heridas de guerra

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Casi 10 años llevas conmigo. Pensé en que me afearías la inmaculada piel de mi clavícula, que te ocultaría bajo un tatuaje sutil e insinuante. Y en este aniversario nuestro, este noveno año juntas, te luzco orgullosa. ¡Te miro y te toco! ¿Cómo recuerdo aquel primer instante juntas? Con horror. Después cuando te mostré por primera vez, con vergüenza. Un día me preguntaron que de qué era y mentí, dije que alguien me había robado el corazón y me había dejado esa cicatriz. Pero tú y yo sabemos que eres la nota en la nevera que me recuerda cada vez que me miro al espejo que fuiste la primera de muchas. No me robaron nada, me dieron. Me transformaron en mujer biónica por un tiempo para poder sobrevivir. Ahora te miro, te toco y hasta me enorgulleces. Y casi 10 años después te doy las gracias por recordarme cada día de mi vida que estoy viva, en parte, gracias a ti.

Y van 12

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Y si nos vamos a Buenos Aires? Compramos los pasajes al toque, desorganizamos a medio planeta con ese viaje inesperado. Y mi brújula cambió el norte por el sur.  Me sentí extrañamente en casa, en familia, sin conocerlos. Todo era igual, pero diferente. Una ciudad resurgida del 2001, una gente reubicada en su mundo, un caos maravilloso, tristeza y alegría a partes iguales. Le puse cara a un futuro. Primera bienvenida a la Argentina. General Urquiza da los buenos días. Pizzas en Terrada con los chicos.  Garro es una cortada y la rosa china sigue floreciendo. Blacky con brazos abiertos. Puerto Madero desde lo alto. Parque Patricios en primavera. Desayunos con la colorada. Caminito casi vacío. De shopping a la europea. Conversaciones nocturnas. Vernos las caras por primera vez. Primera despedida matera.  No me dará la vida para agradecerles esos momentos. Y ya van doce años. Nuestros mundos han cambiado tanto que ahora mi norte ya no está en el sur, aunque ...

Generaciones

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Estaremos tres generaciones en la mesa, comeremos y nos explicaremos pasados. Incrementamos una generación en diciembre, poco antes de celebrar el año de que la más anciana nos dejase. Inventaremos futuros para la que acaba de llegar. En otras ocasiones le contaremos el cuento de su vida, pero hoy nos toca celebrar a nosotras: las dadoras de vida.  Nuestros apellidos son masculinos y se pierden con el pasar de los años, pero somos nosotras las que hacemos posible que el milagro de la vida exista.  Espero estar a la altura de la que me dio la vida y me enseñó que los besos curan más que las medicinas, que hay que ponerse en los zapatos de los demás para juzgar, que los abrazos son el azúcar de los malos momentos, que siempre se puede volver al hogar, que salen buenos guisos si lo haces con todo el amor, que la lumbre no calienta tanto como el amor de una madre,  que se puede viajar muy lejos con un buen libro, que es de buen nacido ser agradecido, que somos el fruto d...

62 días

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Emprendimos un viaje el 20 de diciembre bien de madrugada. Entraste en nuestra luz hace 62 días, en plena Saturnalia.  En estos días has aprendido a ser el centro del universo con un desparpajo poco común. Nos regalas balbuceos filosóficos a altas horas de la noche.  Sonríes mientras nos diluimos en tu mirada. Estamos sujetos a la órbita de tus manos. Pataleas al aire y mantienes la cabeza bien alta, luchadora desde la cuna. Te miras sorprendida en los espejos mágicos que dicen que eres la más linda del reino. Ligera como el aire, aprendemos a respetar la levedad del ser.  Eres la mejor de las drogas, h as conseguido que a los abuelos se les desvanezca el dolor. Y que a los lirones de tus padres no les importen las horas de sueño perdidas cuando amaneces.  Convertiste nuestro mundo en un caos maravilloso y te lo agradecemos. ¿Seguimos el viaje?

Meine Welt

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  Unos 40 días desde que saliste de mi panza para instalarte en mis brazos.  Madrugadora o trasnochadora depende de si todavía no te habías ido a dormir o si te acabas de despertar, volviste a poner en hora nuestros relojes a las 3 de la mañana. Lloraste para hacerte oír por encima de la sábana verde que nos separaba. Lloré en silencio tu llegada al mundo. El amor más profundo que puede existir.   Me miraste, sin ver, con una profundidad azul plomiza que me enamoró al instante.  Un precioso regalo de Saturnalia para bendecir a la diosa madre. Una fémina más para perpetuar la memoria de la familia.  Un torrente de sensaciones anunció tu llegada. Después de nueve meses decidiste abandonar el nido. Todo eran prisas para abrirte paso hacia el mundo frío y luminoso que te esperaba fuera de mi vientre.  En todo el planeta te esperaban, aunque pensasen que eras un imposible.  Conquistado nuestros corazones con una caída de ojos. Tu sollozo rompe nue...