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Volveremos a pasear por las Ramblas - Tornarem a voltar per la Rambla

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Nos quedamos desnudos. Solos ante la desolación. Huérfanos de vuestra presencia. Dos meses después os extrañamos en lo más profundo aún sin conoceros. Colocamos flores y velas para reconfortarnos en vuestra ausencia. Vuestra luz nunca se apagará. Seréis recordados como víctimas inocentes de las guerras de los políticos, como hijos, hermanos, padres, amigos... Canaletas,  que tantas victorias ha celebrado, llevará la carga de esta derrota con sencillez y orgullo. Seguiremos nuestro rumbo arrastrando pies, con crespones negros en la solapa y con los ojos llorosos. Os seguiremos llorando destrozados por la barbarie. Y un día volveremos a pasear por las Ramblas, con los ojos llenos de infancia, con la sonrisa de saber que el amor conquista al miedo, con la certeza de que ellos son los vencidos.

Sobreviviéndote, 10 años

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Mi regalo del universo me decía hace unos días que cuando yo sea pequeñita ella me va a hacer masajitos y que hará que la cicatriz no me duela más. Ella me dice que somos luchadoras, que irá a la "guerra" como mamá hace ya años. Y yo le deseo toda la suerte del mundo. Al menos tanta como la que yo tuve y tan buenos aliados como los que estuvieron a mi lado. Deseo que le crezcan alas y que sus cicatrices le hagan crecer tanto como a mí. Le deseo que cuando yo sea pequeñita me pueda hacer masajitos, pero que la cicatriz duela un poquito para recordarme que sigo viva después de ir a la "guerra", de ponerme mil pañuelos en la cabeza, de llorar lágrimas tóxicas, de sonreír con mueca de extraterrestre, de pasar buenos ratos a vuestro lado, de sufrir las manos de Rosa, de agradecerle a Miquel que me sigan piropeando el escote, de recuento de leucocitos, de veneno en vena, de un año antropológico, de Raval en el corazón, de amores y desamores, de salir de fiesta, de queda...

Heridas de guerra

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Casi 10 años llevas conmigo. Pensé en que me afearías la inmaculada piel de mi clavícula, que te ocultaría bajo un tatuaje sutil e insinuante. Y en este aniversario nuestro, este noveno año juntas, te luzco orgullosa. ¡Te miro y te toco! ¿Cómo recuerdo aquel primer instante juntas? Con horror. Después cuando te mostré por primera vez, con vergüenza. Un día me preguntaron que de qué era y mentí, dije que alguien me había robado el corazón y me había dejado esa cicatriz. Pero tú y yo sabemos que eres la nota en la nevera que me recuerda cada vez que me miro al espejo que fuiste la primera de muchas. No me robaron nada, me dieron. Me transformaron en mujer biónica por un tiempo para poder sobrevivir. Ahora te miro, te toco y hasta me enorgulleces. Y casi 10 años después te doy las gracias por recordarme cada día de mi vida que estoy viva, en parte, gracias a ti.