Despedidas aeroportuarias I

Visto de blanco. Te llevo al aeropuerto en silencio. Recoges tu tarjeta de embarque y nos sentamos en un banco a esperar la hora. No queremos café, no nos bajaría nada por la garganta, la tenemos atascada con tantas palabras. Sabemos que este momento es "ese momento" en el que nos tenemos que decidir. Nos comeríamos a besos, pero serían los últimos y tan amargos.
Me pones la mano sobre la rodilla y preguntas en un susurro; no tengo respuesta satisfactoria. 
Despedida sin lágrimas, así sois los nórdicos y así te he aprendido a querer. Me besas en la mejilla y un último beso largo y cálido recorre mi cara hasta la boca. Quisiera parar este final de Casablanca donde yo soy Rick y tú,
Elsa Lazlo. Sigo pensando que no teníamos mejor final posible. Si me preguntan: tú fuiste el polvo más salvaje, y eso nunca no se olvida. 

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