sin canas

Nonagenaria de manos huesudas. Menguo frente a tus ojos. Te transformas en el regazo de mi niñez, me acaricias las mejillas, me besas las manos. Confidente de mis travesuras, aliada frente al pasado.
Sueñas con generaciones de féminas que nos precedieron  y bendices con fórmulas olvidadas a las que vendrán.
Alquimista de la cocina, sucumbo a tus manjares deliciosos. Ni un libro de cocina decora tus estanterías y millones de estrellas Michelin deberían adornar tus fogones. Potajes y ajetes serán mi herencia más preciada.
Devota del café del mediodía. Adoradora de los dulces. La mejor paella del mundo en el restaurante particular de tu familia.
Fantasiosa, enamorada eterna de tu caballero, niña-mujer de noventa otoños, sentada junto a la ventana tus manos se unen en perfecta armonía.
Me enseñaste a hablar y a caminar. Seguiré tus consejos o inventaré de nuevos, pero me seguirás escuchando y azuzando.
Te respeto con el amor olvidado de milenios demeterianos.
Te adoro con toda el alma cósmica que has forjado en mí.
Te amo con los abrazos que nunca nos faltaron.

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