Turquía Insólita!
El suntuoso palacio otomano de Topkapi nos daba la bienvenida a Constantinopla, no habíamos dormido más de 3 horas y queríamos comernos la ciudad en sólo 2 míseros días. Decididamente había que arañar cualquier segundo para disfrutar de nuestra soñada Istanbul.
Decidimos entrar en el universo de lámparas de Omar, subir sus 4 pisos a pie prácticamente sin resuello, tiene la recompensa de una terracita con vistas a Ayasofya y a la Mezquita Azul. El ágape nos pareció digno de los sultanes otomanos. Nos deleitamos con sus orgásmicos Baklavas de chocolate y un par de tés servidos en tulipanes cristalinos.
En Kapali Çarşi (Gran Bazar) nos agasajaron con çay y narguile, aceptamos el primero, rehusamos el segundo. Sucumbimos a los encantos de sus lámparas sacadas de las mil y una noches, de sus pipas de agua, de sus mil y una “original fake”. Paseamos nuestros ojos y nuestros pies por el gigantesco bazar, disfrutamos de sus contrastes coloriles y de su amalgama multicultural.
El sentido del olfato nos dirigió hacia el Misir Çarşi (Bazar de las especias), sus montañas de azafrán y canela, sus gatos esperando su recompensa por mantener a raya a los roedores, sus encantadores vendedores “cómotellamas-dedóndeeres-parecesturca”, sus dulces turcos de mil sabores, un placer para los sentidos!
Atardecer sobre el Bósforo, con el frescor relativo de la tarde, los pescadores se posicionan sobre el Galata Kröpüsü (puente Gálata), provistos de sus utensilios de pesca para proceder a uno de los rituales más antiguos… pasar la tarde junto a otros humanos, sin hablar. Mirar al Bósforo desde este punto te traslada a una dimensión de paz dentro de una de las ciudades más caóticas que han pisado mis pies.
Me quedo sin palabras para describir la solemnidad de Ayasofya (Santa Sofía), no puedo expresar lo que era para mí estar dentro, recordando mi libro de historia del arte de COU, ese que compartí con el Brother, cuyas tapas negras escondían los tesoros del mundo que más tarde he podido ir catando. Luz filtrándose por los ventanales, los contrastes entre el azul oscuro y el dorado de sus medallones, cúpula titánica cubriendo nuestras cabezas, bullicio de turistas mirando las pantallas de sus cámaras… soñada Santa Sofía.
Decisión unánime al mediodía… misión: buscar un lugar que nos alejase de los 40º a la sombra que achicharraban nuestros cerebros. Mejor opción, imposible: Yerebatan Sarnici (Basílica Cisterna). Disfrutamos de su sala hipóstila, de su resguardada oscuridad, de su acogedora humedad, de su rojo resplandor, de las cabezas de Medusa, del silencio semisepulcral, solemnidad insospechada para un lugar que alberga un bien tan preciado, templo de agua…
Después de las 14h cuando ya habían salido los fieles de su oración de mediodía nos dirigimos a disfrutar de Sultanahmet Cami (Mezquita Azul), de su grandeza y de su cotidianeidad. Restaban algun@s fieles rezando, pero los niños correteaban en su interior sobre la alfombrada sala de flechas que señalan a la Meca, olores corporales mal interpretados, luz tamizada entre los ventanales que recortan las siluetas masculinas, majestuosidad de lámparas.
Tranvía que deja entrever por sus ventanillas la ciudad, interior lleno de chicos que nos miran y de turistas cansados, de Sultanahmed hasta Taksim con transbordo al funicular que araña la colina en su interior. Resurgimos en la grandiosa plaza de Taksim. Más té para recuperar fuerzas, iniciamos el descenso por Istiklal Cad. (particular estambulero Portal del Ángel barcelonés, pero de algunos pasos más), tiendas a dos bandas, chicas con el pelo rosa, mujercitas con el pelo oculto bajo un pañuelo nada discreto besando a sus enamorados, pocos turistas a la vista, autóctonos en su medio, Mavi nos ofrece recuerdos de un Istanbul soñado, compras de dulces turcos de Kosca, ascenso al paraíso 360º (no vamos vestidas para la ocasión, destrozamos un tulipán cristalino, sólo pedimos té, disfrutamos de una vista de gigante… cual peces fuera del agua nos retiramos de las alturas). Seguimos el descenso hasta la Galata Kulesi (Torre Gálata), torre genovesa circular que atrae por su enclave, por su altura, por la increíble aceptación de su arquitectura en un entorno hostil.
Necesitábamos resucitar tras tantas emociones, tantos pasos dados, tantas imágenes tatuadas en la retina, nuestro Valhala: Çemberlitaş (baño turco). Una mujer toma nuestra mano, nos conduce por una sala bañada de vapor, nos despoja de las toallas que tapan nuestro pudor y nos tumba sobre un marmoleo centro para que sudemos, procede a limpiar nuestros cuerpos y nuestras almas, masaje torturador, mujer de negra ropa interior nos alivia con su espuma con olor a coco, con el cuerpo y la mente límpidas podemos emprender la segunda parte de nuestra gira.
Cruzar el mar de Mármara hacia Asia, continente oriental, misterioso, nunca antes pisado por mis pies se abre para que lo disfrute. Empezamos con Yeşil Bursa, mi primera incursión asiática. En Yeşil Cami (Mezquita verde) oré por nuestras almas al universo verde. Sobrecogedora dimensión de una mezquita diminuta que servía de refugio a los Derviches.
Casi 600 km, divisamos a lo lejos Izmir, probablemente la cuna de Homero, ciego recitador que tanto me ha hecho disfrutar con las gestas de los héroes griegos. Dormir o intentarlo en Kuşadaşi (el Lloret de Mar turco), es todo un trabajo hercúleo. Habitación iluminada en azul, imposible pegar ojo si sabes que al día siguiente te espera Efes, con la biblioteca de Celso, la puerta de Hércules, la última columna del templo de Artemisa… tantas veces he escuchado su nombre, tantas veces imaginado su teatro, su vida…
Blanca y radiante Pamukkale (Castillo de algodón), nos acoges en tus terrazas al atardecer para deleitarnos con las vistas de tus albinas cascadas secas. Imposible baño soñado en tus aguas, ahora secas. Tristeza y alegría de poder estar aquí, pero por tan poco tiempo… Imagino la vida de una Cleopatra acompañada de Marco Antonio paseando por Hierápolis, ciudad de la esposa Hiera, disfrutando de tus baños curativos, de tus vistas, de tu paz… perturbada por miles de turistas que se despeñarían por conseguir una mejor foto de tu silueta. Yo callo ante tu belleza, despierta mi imaginación y disfruto de tu atardecer temprano… quizás pronto me pueda quedar más tiempo, ahora debo partir.
Konya, capital del imperio selyúcida Mausoleo de Mevlana, poeta difusor del sufismo y fundador de los Derviches danzantes. Nos dejo versos tan hermosos… “No tejan, como las arañas, telas hechas de saliva y tristezas: / Los hilos y la trama se deshacen./ Entréguenle el dolor a Él, que se los otorgó,/ y no digan nada. / Cuando estén en silencio, su palabra hablará por ustedes; / y cuando ya no tejan, el tejedor será Él.” O “Del corazón a los labios corre el hilo/ que teje el secreto de la vida. / Las palabras rompen el hilo, /Pero el secreto habla en el silencio.
Valle de Göreme, ciudad de hadas y duendes, escondidas entre las rocas dormitorios, comedores, iglesias cristianas, todo un mundo habitado por los espíritus comunitarios de los primeros cristianos. Hermosura en su simplicidad y en su lujo de frescos de pintores venidos de Istanbul a la lejana Kapadokya…
Chimeneas de hadas en los valles de Pasabagi y Çavusin, increíbles formaciones volcánicas, setas mágicas que aportan al paisaje una idiosincrasia póstuma. Panorámica del castillo de Uçhisar, inmenso promontorio rocoso de origen volcánico con viviendas, escaleras y túneles excavados en la roca, vida de hormiga.
En un “kervansaray” Derviches, danzando con el universo. Mientras sus faldas giraban imitando el movimiento celeste, mi fantasía compartía esa oración ancestral mil veces repetida y que hace que el mundo gire y no se detenga... conseguir el estado alterado de conciencia que el humano busca desde su primitivo origen. Pienso en el paralelismo que tiene con mis maratonianas sesiones de baile, yo también consigo ese estado alterado, me confundo con el universo y ruego para que el mundo siga girando y no se detenga.
Ciudad subterránea de Özkonak, refugio de las primitivas comunidades cristianas frente a las incursiones árabes que iban rumbo a Istanbul. Ciudad de hormiguitas, comunidad de asustadizos cristianos, oculta bajo el subsuelo yermo de la Kapadokya, trabajo titánico de pequeños hombres y mujeres que vivieron hace miles de años en estos parajes inhóspitos.
Está claro que esto es un hasta pronto!
20 de agosto de 2009
Decidimos entrar en el universo de lámparas de Omar, subir sus 4 pisos a pie prácticamente sin resuello, tiene la recompensa de una terracita con vistas a Ayasofya y a la Mezquita Azul. El ágape nos pareció digno de los sultanes otomanos. Nos deleitamos con sus orgásmicos Baklavas de chocolate y un par de tés servidos en tulipanes cristalinos.
En Kapali Çarşi (Gran Bazar) nos agasajaron con çay y narguile, aceptamos el primero, rehusamos el segundo. Sucumbimos a los encantos de sus lámparas sacadas de las mil y una noches, de sus pipas de agua, de sus mil y una “original fake”. Paseamos nuestros ojos y nuestros pies por el gigantesco bazar, disfrutamos de sus contrastes coloriles y de su amalgama multicultural.
El sentido del olfato nos dirigió hacia el Misir Çarşi (Bazar de las especias), sus montañas de azafrán y canela, sus gatos esperando su recompensa por mantener a raya a los roedores, sus encantadores vendedores “cómotellamas-dedóndeeres-parecesturca”, sus dulces turcos de mil sabores, un placer para los sentidos!
Atardecer sobre el Bósforo, con el frescor relativo de la tarde, los pescadores se posicionan sobre el Galata Kröpüsü (puente Gálata), provistos de sus utensilios de pesca para proceder a uno de los rituales más antiguos… pasar la tarde junto a otros humanos, sin hablar. Mirar al Bósforo desde este punto te traslada a una dimensión de paz dentro de una de las ciudades más caóticas que han pisado mis pies.
Me quedo sin palabras para describir la solemnidad de Ayasofya (Santa Sofía), no puedo expresar lo que era para mí estar dentro, recordando mi libro de historia del arte de COU, ese que compartí con el Brother, cuyas tapas negras escondían los tesoros del mundo que más tarde he podido ir catando. Luz filtrándose por los ventanales, los contrastes entre el azul oscuro y el dorado de sus medallones, cúpula titánica cubriendo nuestras cabezas, bullicio de turistas mirando las pantallas de sus cámaras… soñada Santa Sofía.
Decisión unánime al mediodía… misión: buscar un lugar que nos alejase de los 40º a la sombra que achicharraban nuestros cerebros. Mejor opción, imposible: Yerebatan Sarnici (Basílica Cisterna). Disfrutamos de su sala hipóstila, de su resguardada oscuridad, de su acogedora humedad, de su rojo resplandor, de las cabezas de Medusa, del silencio semisepulcral, solemnidad insospechada para un lugar que alberga un bien tan preciado, templo de agua…
Después de las 14h cuando ya habían salido los fieles de su oración de mediodía nos dirigimos a disfrutar de Sultanahmet Cami (Mezquita Azul), de su grandeza y de su cotidianeidad. Restaban algun@s fieles rezando, pero los niños correteaban en su interior sobre la alfombrada sala de flechas que señalan a la Meca, olores corporales mal interpretados, luz tamizada entre los ventanales que recortan las siluetas masculinas, majestuosidad de lámparas.
Tranvía que deja entrever por sus ventanillas la ciudad, interior lleno de chicos que nos miran y de turistas cansados, de Sultanahmed hasta Taksim con transbordo al funicular que araña la colina en su interior. Resurgimos en la grandiosa plaza de Taksim. Más té para recuperar fuerzas, iniciamos el descenso por Istiklal Cad. (particular estambulero Portal del Ángel barcelonés, pero de algunos pasos más), tiendas a dos bandas, chicas con el pelo rosa, mujercitas con el pelo oculto bajo un pañuelo nada discreto besando a sus enamorados, pocos turistas a la vista, autóctonos en su medio, Mavi nos ofrece recuerdos de un Istanbul soñado, compras de dulces turcos de Kosca, ascenso al paraíso 360º (no vamos vestidas para la ocasión, destrozamos un tulipán cristalino, sólo pedimos té, disfrutamos de una vista de gigante… cual peces fuera del agua nos retiramos de las alturas). Seguimos el descenso hasta la Galata Kulesi (Torre Gálata), torre genovesa circular que atrae por su enclave, por su altura, por la increíble aceptación de su arquitectura en un entorno hostil.
Necesitábamos resucitar tras tantas emociones, tantos pasos dados, tantas imágenes tatuadas en la retina, nuestro Valhala: Çemberlitaş (baño turco). Una mujer toma nuestra mano, nos conduce por una sala bañada de vapor, nos despoja de las toallas que tapan nuestro pudor y nos tumba sobre un marmoleo centro para que sudemos, procede a limpiar nuestros cuerpos y nuestras almas, masaje torturador, mujer de negra ropa interior nos alivia con su espuma con olor a coco, con el cuerpo y la mente límpidas podemos emprender la segunda parte de nuestra gira.
Cruzar el mar de Mármara hacia Asia, continente oriental, misterioso, nunca antes pisado por mis pies se abre para que lo disfrute. Empezamos con Yeşil Bursa, mi primera incursión asiática. En Yeşil Cami (Mezquita verde) oré por nuestras almas al universo verde. Sobrecogedora dimensión de una mezquita diminuta que servía de refugio a los Derviches.
Casi 600 km, divisamos a lo lejos Izmir, probablemente la cuna de Homero, ciego recitador que tanto me ha hecho disfrutar con las gestas de los héroes griegos. Dormir o intentarlo en Kuşadaşi (el Lloret de Mar turco), es todo un trabajo hercúleo. Habitación iluminada en azul, imposible pegar ojo si sabes que al día siguiente te espera Efes, con la biblioteca de Celso, la puerta de Hércules, la última columna del templo de Artemisa… tantas veces he escuchado su nombre, tantas veces imaginado su teatro, su vida…
Blanca y radiante Pamukkale (Castillo de algodón), nos acoges en tus terrazas al atardecer para deleitarnos con las vistas de tus albinas cascadas secas. Imposible baño soñado en tus aguas, ahora secas. Tristeza y alegría de poder estar aquí, pero por tan poco tiempo… Imagino la vida de una Cleopatra acompañada de Marco Antonio paseando por Hierápolis, ciudad de la esposa Hiera, disfrutando de tus baños curativos, de tus vistas, de tu paz… perturbada por miles de turistas que se despeñarían por conseguir una mejor foto de tu silueta. Yo callo ante tu belleza, despierta mi imaginación y disfruto de tu atardecer temprano… quizás pronto me pueda quedar más tiempo, ahora debo partir.
Konya, capital del imperio selyúcida Mausoleo de Mevlana, poeta difusor del sufismo y fundador de los Derviches danzantes. Nos dejo versos tan hermosos… “No tejan, como las arañas, telas hechas de saliva y tristezas: / Los hilos y la trama se deshacen./ Entréguenle el dolor a Él, que se los otorgó,/ y no digan nada. / Cuando estén en silencio, su palabra hablará por ustedes; / y cuando ya no tejan, el tejedor será Él.” O “Del corazón a los labios corre el hilo/ que teje el secreto de la vida. / Las palabras rompen el hilo, /Pero el secreto habla en el silencio.
Valle de Göreme, ciudad de hadas y duendes, escondidas entre las rocas dormitorios, comedores, iglesias cristianas, todo un mundo habitado por los espíritus comunitarios de los primeros cristianos. Hermosura en su simplicidad y en su lujo de frescos de pintores venidos de Istanbul a la lejana Kapadokya…
Chimeneas de hadas en los valles de Pasabagi y Çavusin, increíbles formaciones volcánicas, setas mágicas que aportan al paisaje una idiosincrasia póstuma. Panorámica del castillo de Uçhisar, inmenso promontorio rocoso de origen volcánico con viviendas, escaleras y túneles excavados en la roca, vida de hormiga.
En un “kervansaray” Derviches, danzando con el universo. Mientras sus faldas giraban imitando el movimiento celeste, mi fantasía compartía esa oración ancestral mil veces repetida y que hace que el mundo gire y no se detenga... conseguir el estado alterado de conciencia que el humano busca desde su primitivo origen. Pienso en el paralelismo que tiene con mis maratonianas sesiones de baile, yo también consigo ese estado alterado, me confundo con el universo y ruego para que el mundo siga girando y no se detenga.
Ciudad subterránea de Özkonak, refugio de las primitivas comunidades cristianas frente a las incursiones árabes que iban rumbo a Istanbul. Ciudad de hormiguitas, comunidad de asustadizos cristianos, oculta bajo el subsuelo yermo de la Kapadokya, trabajo titánico de pequeños hombres y mujeres que vivieron hace miles de años en estos parajes inhóspitos.
Está claro que esto es un hasta pronto!
20 de agosto de 2009
Comentarios
Publicar un comentario